El ritual del anillo de amor existe desde la antigüedad. Se decía entonces que un nervio finísimo partía del dedo y corría hasta el corazón...
Desde su creación en 1780, Chaumet se ha convertido en un especialista de estas «joyas de amor». En esta época, el compromiso matrimonial iba acompañado de un ajuar de matrimonio. Una verdadera tradición en las grandes familias francesas y europeas del siglo XIX que consistía en ofrecer suntuosos complementos a la joven prometida... y sobre todo, joyas. En 1810 Chaumet realiza el ajuar de matrimonio de la archiduquesa Marie-Louise de Habsbourg-Lorraine con motivo de su unión con Napoléon I. En 1919, la duquesa de Doudeauville encarga para el matrimonio de su hija con el príncipe Sixte de Bourbon-Parme una magnífica diadema de platino engastado de diamantes. De inspiración naturalista, esta joya, que desde ahora pertenece al Museo Chaumet, continúa encarnando el saber hacer y el estilo del joyero. A partir de 1950, el anillo de compromiso se convirtió en el símbolo de una promesa de compromiso. Se asocia naturalmente al diamante, emblema de pureza y eternidad. La alianza representa respectivamente la concreción del sentimiento. Los enamorados saben que el intercambio de alianzas durante la ceremonia nupcial significa: «Yo te entrego este anillo, símbolo de nuestro amor y nuestra fidelidad».