En Chaumet, más que de estilo, se prefiere hablar del sello de la casa: una factura única en la combinación de piedras, perlas y metales preciosos que define, sin desvelarla nunca completamente, una actitud compartida por la Casa y sus clientes. Porque llevando una pieza de Chaumet, una mujer hace profesión de una personalidad llena de matices: elegante, distinguida, moderada y no por ello menos impetuosa y llena de esplendor. Esta mujer de carácter decididamente afirmado también es dulce y pudorosa. Este temperamento se expresa en cada pieza Chaumet por una verdadera dialéctica estilística. Aunque cada joya Chaumet resulte de una delicadeza extrema a primera vista, muestra igualmente una construcción rigurosa y de líneas tensas. Por más que sean suntuosamente sobrias y puras en lo que a forma se refiere, la asimetría de su diseño es el verdadero sello de las colecciones Chaumet. Alhajas majestuosas que, paradójicamente, lo son más en cuanto que revelan detalles ocultos. Sofisticado e inteligible, lleno de brillo sin llegar a ser ostentoso, clásico pero en esencia contemporáneo, el sello Chaumet en definitiva no es más que la traducción del íntimo vínculo que la casa mantiene con sus clientes. Un vínculo fundado sobre el espíritu y la distinción mezclados con una pizca de desenvoltura que hacen de Chaumet una casa eminentemente aristocratica pero con espiritu de Rock.